miércoles, 22 de febrero de 2012
ReZeteando: A la Policía, ¡otra vez!

¿Quién ordenó y por qué este barbarismo policial?
Fuente: Z101 Digital
¿Era necesario, imprescindible u obligatorio, exhibir tanta saña, desprecio, intolerancia y brutalidad policial para, supuestamente, proceder a sofocar una protesta encabezada por mujeres, humildes mujeres que levantaban calderos vacíos en el populoso sector “Los Ciruelitos” de Santiago?
Ciudadanas a quienes, además, le asiste el derecho consagrado de protestar, siempre que esta prerrogativa se desarrolle dentro de los cánones legales y el respeto a la constitución, ley sustantiva cuyos principios y enunciados cardinales, avalan y ordenan el respeto a los derechos sustantivos o fundamentales de todas las personas (sin importar origen, sexo, partido, religión, ideología, o condición social...) por parte del Estado, así como también enuncian el castigo y la sanción para aquellos que, por el contrario, vulneran su ámbito sagrado el cual, en última instancia, está dotado de los atributos que se irradian de la dignidad humana, pero, más aun, son estas ordenanzas las que mandan a castigar con mayor rigor a quienes, prevaliéndose de su autoridad, hacen uso innecesario del poder y la fuerza, cometiendo abusos y atropellos que, a la postre, culminan por ensuciar el espíritu y buen nombre de la constitución y de una institución que, como la Policía Nacional, está para proteger y cuidar, jamás para mancillar, estropear ni humillar a la ciudadanía, la que, a fin cuentas, es quien la paga con sus impuestos y sacrificios económicos.
De cualquier manera, cabe preguntarse: qué peligro, atentado o sedición representaban los calderos de estas ciudadanas, muchas de ellas amas de casa, y quienes, en el peor de los casos, no hicieron más ni menos que lo señalado y promovido por el mismísimo candidato oficialista, Danilo Medina, en un spot publicitario de televisión, es decir, enseñar unos cuantos platos vacíos, mismos que, salvo cualquier otro sentido o entendimiento que les hayan dispensado las autoridades santiagueras, constituyen una realidad de a puño y un drama inocultable dentro de la sociedad y pobreza dominicana; de ahí que sea pertinente reiterarlo, qué necesidad, ganancia o provecho persiguieron la cuestionables actuaciones de unas autoridades qué, en otras oportunidades, frente a casos de delitos y crímenes mayores, en los que sí se necesitaba de rudeza y temple, procedieron actuar de forma displicente, medalaganaria o connivente?
¿Quién ordenó y por qué este barbarismo policial; que incluyó, cosas veredes, hasta el pintoresco “apresamiento” de una infante de tan solo cinco años?
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Dios mio que esta pasando con nuestra sociedad, dande estan los valores humanos!! hasta donde hemos llegado!!1
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